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Un poco de historia…
El hongo responsable del mildiu de la viña, Plasmopara viticola, llegó a Europa procedente de América, tal como había sucedido con otras enfermedades, introduciéndose en Francia hacia el 1880. Se trataba de una enfermedad de gran virulencia de la que no se conocía ningún sistema efectivo para su control, ya que el azufre, el producto más utilizado en aquella época, no era útil para combatirla.
En 1882, MILLARDET, profesor de Botánica de la Facultad de Ciencias en Burdeos, observó una respuesta inusual en algunas viñas del Château Beaucaillou en Saint Julien. La finca estaba muy afectada por mildiu, y la mayoría de las viñas habían perdido sus hojas; sin embargo, había un par de filas junto al camino que las mantenían intactas.
Millardet observó que las hojas estaban cubiertas por una sustancia azul, y pudo averiguar que la sustancia en cuestión era "verdigris", un compuesto cúprico aplicado a las viñas de mayor accesibilidad como elemento disuasorio para los ladrones. Ésta era una antigua costumbre en la región del Médoc francés, se pintaban las cepas cercanas a la carretera con cal apagada y se le añadía sulfato de cobre confiriéndole un color azulado. El objetivo era hacer creer a los merodeadores las cepas estaban tratadas con veneno y así evitaban que cogieran racimos.
Durante los dos años siguientes, Millardet desarrolló el Cobre como tratamiento fungicida en la viña para el control del mildiu. La mezcla fungicida desarrollada, solución de sulfato de cobre y cal, recibió el nombre de "Bouillie Bordelaise" (Bordeaux mixture, Caldo Bordelés), que sigue utilizándose en la actualidad.
En relación a esta utilización del cobre para el control del mildiu, debemos recordar la Gran Hambruna sufrida en Irlanda en los años 1845-1849. La patata fue llevada a Irlanda a finales del siglo XVI y su popularidad aumentó a gran velocidad debido a que encajaba perfectamente con el clima de Irlanda, aparte de que sus cosechas eran abundantes. Un hongo llamado Phythphthora Infestans apareció en 1845, previamente detectado en USA y Canadá, y casi la mitad de la cosecha de aquel año se infectó; al siguiente, ocurrió lo mismo con toda la producción. El efecto fue catastrófico para la población irlandesa que dependía por completo del tubérculo. La patata constituía el alimento básico, representando más del 80% de la ingesta energética de la población más sencilla. El resultado fueron más de dos millones de muertos por hambre, y un movimiento migratorio de unos dos millones de personas, principalmente a los Estados Unidos, que hicieron cambiar el carácter y la fisonomía de Nueva York y de otras importantes ciudades.
Millardet demostró de forma clara y concluyente que la acción fungicida del Caldo Bordelés era debida a la acción del cobre, y esto dio lugar a que investigadores y agricultores ensayaran todos los compuestos y combinaciones de cobre imaginables.
Antiguamente, era el propio agricultor quien preparaba su Caldo Bordelés, neutralizando el sulfato de cobre con cal apagada. La eficacia de esta preparación dependía muy directamente del sistema de elaboración seguido, siendo además una labor engorrosa a realizar. Se estudió la manera de obtener el mejor Caldo Bordelés, llegándose a concretar una composición de muy buena acción fungicida, que se podía presentar como un polvo dispersable en agua y que se conoce como el sulfato cuprocálcico, que proporciona adherencia a las superficies tratadas y protección prolongada de las mismas, al ser escasamente arrastrado por el agua de lluvia o rocío e ir liberando iones cúpricos paulatinamente.
MILLARDET, ALEXIS
Botánico francés nacido el 13 de diciembre de 1.838 en Montmerey-la-ville (Jura).
Comenzó a estudiar medicina aunque finalmente se pasó a la botánica.
Enseñó botánica en la Faculta de Ciencias de Burdeos (1.876-1.899).
CALDO BORDELÉS
Fungicida tradicional contra una amplia gama de enfermedades fungosas y bacterianas en una gran variedad de cultivos. En el caso de la vid es utilizado para controlar el mildíu y la botritis entre otras enfermedades.
Es un protector de contacto; no penetra dentro de los tejidos de las plantas, pero evita que el hongo se desarrolle, al formar una lámina superficial de protección. No cura, por tanto, las partes de la planta ya atacada, pero destruye el hongo e impide que la afección se propague a otras partes sanas
Se aplica por pulverización sobre la planta.